El ágora de 13 Rue de l'Ancienne Comédie:
El ágora de 13 Rue de l'Ancienne Comédie: Viendo la vida pasar
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viernes, 17 de julio de 2015
En la memoria de los libros. Primera entrega. Parafernalia y realidad
Teníamos una pobre impresión de nuestro país. A ello se llegaba por lo que la gente se decía, lo que escuchabas en casa, lo que comentabas con los amigos. Así debía ser porque el régimen solo propagaba triunfalismo y parafernalia; la Iglesia solo se dedicaba al otro reino, cuando no bendecía a las autoridades; la radio, la televisión y casi todos los periódicos ejerciendo como la voz de su amo o de estómagos agradecidos; y en el colegio, salvo un loco y ya en los últimos estertores de la dictadura, ningún profesor decía esta boca es mía.
A pesar de los silencios oficiales, nada impedía un sentir general de inferioridad como nación y un extendido pesimismo. No nos conmovía la bandera ni el himno, ni siquiera la selección española. Todavía, seguramente, no hemos sabido sacudirnos la sombra de aquellos años ominosos. Todo lo de fuera era mejor; español y mala calidad eran sinónimos.
No es de extrañar que en la etapa en la que se empieza a buscar una identidad se eligiera, como el que elige su equipo de fútbol favorito, un país al que alabar, admirar e identificarse con los supuestos valores que poseen sus ciudadanos. De esta forma te definías ante ti y ante los demás. Se tomaba ese país como referencia porque creías tener unas actitudes y unos principios en consonancia con él o, al menos, aspirabas a tenerlos. Estereotipos, sí; pero servían para ir formando la personalidad, como sucedía con otros aspectos de la vida.
martes, 14 de julio de 2015
En la memoria de los libros. Primera entrega. Un estilo singular
Quizá fuese por eso, por su larga cabellera, tan inusual entre los chicos de aquel momento y lugar, por lo que daba la impresión de poseer una fuerte personalidad. La serenidad, permanentemente instalada en su forma de ser, y la expresión del rostro, que bien pudiera pasar por sarcástica, producían el efecto de poner en guardia, y de pensárselo dos veces, a cualquier profesor dispuesto a abusar de su autoridad.
miércoles, 8 de julio de 2015
En la memoria de los libros. Primera entrega.
La raya, perfecta, separa en dos hemisferios el cuero cabelludo, y el pelo, negro, forma una melena hasta los hombros. Su gesto habitual consiste en colocarse el cabello, que pugna por tapar la cara, detrás de las orejas. Se puede decir de su sonrisa que es un signo de suficiencia, con aires paternalistas, pero no llega a molestar porque goza de cierta autoridad.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Hablando de París (18): Navidad en el cementerio de Montparnasse. Tumbas de Ionesco, Sartre, Beauvoir.
Cementerio de MontparnasseEn "El Ágora..." ya se ha dicho en alguna ocasión que los cementerios céntricos de París son buenos sitios para pasear, meditar y disfrutar de un rato de tranquilidad.
Mientras se disfruta de esa paz se puede curiosear entre las tumbas; las hay francamente originales y vistosas.
Al cementerio de Montparnasse también ha llegado la Navidad; se pueden contemplar últimas moradas que no se resisten a contribuir al ambiente navideño estando adornadas con árbol, bolas y espumillón. Así podemos ver la tumba del dramaturgo y escritor Ionesco (1909-1994).
Estas cosas dan que pensar porque ¿los ocupantes de las tumbas con arbolito dejaron, entre sus últimas voluntades, que el lugar donde reposan sus huesos contribuyese al ambientillo de Navidad? Tendría gracia que en vida les fastidiasen esas fiestas y ahora que no pueden decir nada tengan que aguantar sobre ellos el símbolo por excelencia de la Navidad. Aunque, bien mirado, hasta es posible que al pie del árbol aparezca algún regalo y todo.
Reconozcamos que como adorno no queda mal porque hay cosas peores...por ejemplo la tumba de Sartre (1905-1980) y Simone de Beauvoir (1908-1986), que también se encuentra en el cementerio de Montparnasse. Sobre la lápida un batiburrillo de pequeñas objetos en desorden rinden homenaje, a su manera, a la pareja. Quizá, ambos, o alguno de los dos eran cuidadosos y ordenados y si pudieran ver la lápida que tienen encima, es posible que se incomodasen.
De cualquier modo, una lápida sencilla y limpia mueve al ánimo a meditar sobre la vida y la muerte...quizá, un pequeño ramo de flores...
Cementerio de Montparnasse
Navidad en el cementerio de Montparnasse
Navidad en la tumba de Ionesco
Tumba de Sartre y Beauvoir
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martes, 31 de agosto de 2010
Hablando de París (11): La Torre Eiffel, 2ª parte. Speaking of Paris: The Eiffel Tower, 2nd part.
No, no me canso de ver París desde las alturas, desde el mirador magnífico de la Torre Eiffel.
No importa que acá, en todo lo alto, los rigores de la intemperie acobarden.
Ganas de marcharse no hay, así que tienen que tirar de mí. Venga vamos...me dicen. Ya voy...contesto. Y remoloneo en un afán de fijar en la retina, a vista de pájaro, los lugares que reconozco, entre calles bien alineadas y la albura de los edificios, de esta ciudad que me cautiva.
Entiendo el entusiasmo de los humanos, que siempre pretendieron elevarse como los pájaros, como las águilas, para contemplar tierras, ciudades, campos, desde lo alto. Es una sensación, un placer, que nos acerca a lo divino. Dejar, un tanto, de lado nuestras limitaciones de animales terrestres, apegados al terruño, para ser algo distinto, para estar por encima de muchas cosas.
Perspectiva, horizonte, conjunto, se contraponen así a miopía, a cortas miras, a ver el árbol y no el bosque...
Con esta capacidad de contemplar y de divagar no es extraño que mis acompañantes se desesperen por mi tardanza, pero quiero saturarme de París desde Eiffel, como si quisiera incorporar a mi ser las imágenes que me saltan a la vista, y tenerlas siempre a un click de la mente cuando esté lejos.
Mirando hacia donde está el sol, recalo en el Sena, sus puentes, sus "quais"...
Camino por el corredor, hacia la derecha, hacia el norte, y las geometrías de los jardines de El Trocadero acuden hasta mis ojos.
El Trocadero, nombre genuinamente español. Un nombre más en conmemoración de guerra, batalla o conquista de tropas belicosas. En este caso, la toma del fuerte de Cádiz, llamado El Trocadero, por los franceses en 1823. Por la fecha, supongo que fueron aquellos 100 000 hijos de S. Luis que ayudaron a Fernando VII a encadenar a los españoles.
Contemplando los jardines llama la atención un pequeño triángulo a la izquierda de la entrada principal. Es un recoleto cementerio, uno de los catorce con los que cuenta París. El cementerio de Passy, ¡no se quejarán sus inquilinos de las vistas!, la Torre Eiffel delante.
Quizá las ánimas de Debussy, de Édouard Manet y de Fernandel se reúnan en la noche para disfrutar en comandita de los juegos luminosos de la Torre.
Contraste. Sobresaliendo del mar de edificios que reflejan con su claridad el sol de la mañana, los rascacielos de La Défense, tras el Bois de Boulonge.
De allí, pasando por el Arco de Triunfo, Campo de Marte. Oportuna advocación la del dios Marte para esta explanada que fue cultivo de hortalizas. Fusilamientos, matanzas, ejecuciones, pronunciamientos, desfiles...Los tiempos actuales son algo más relajados, el Campo de Marte es lugar de encuentros, exposiciones y conciertos.
Con un leve movimiento de los ojos capto los reflejos dorados de la cúpula de Los Inválidos, conjunto arquitectónico del siglo XVII.
Ante tanto veterano machacado por las múltiples guerras, a Luis XIV se le ocurrió crear unas instalaciones para dar cobijo a lisiados veteranos de los ejércitos. Seguramente, a esos inválidos les pareció el monarca un sol de rey.
Que se sepa, Napoleón no murió inválido ni lisiado, pero veterano era, y ahí están sus restos, acompañados de familiares, como José I de España, y otros mariscales.
Vuelvo a tener a la derecha al Sena. El círculo se ha completado. No se cuánto tiempo ha pasado, pero el sol está bastante más alto. Las sombras cambian la fisonomía de horizonte y edificios. Ahora se verán de otra manera...vuelta a empezar.
No, no me canso de ver París desde las alturas...
No importa que acá, en todo lo alto, los rigores de la intemperie acobarden.
Ganas de marcharse no hay, así que tienen que tirar de mí. Venga vamos...me dicen. Ya voy...contesto. Y remoloneo en un afán de fijar en la retina, a vista de pájaro, los lugares que reconozco, entre calles bien alineadas y la albura de los edificios, de esta ciudad que me cautiva.
Entiendo el entusiasmo de los humanos, que siempre pretendieron elevarse como los pájaros, como las águilas, para contemplar tierras, ciudades, campos, desde lo alto. Es una sensación, un placer, que nos acerca a lo divino. Dejar, un tanto, de lado nuestras limitaciones de animales terrestres, apegados al terruño, para ser algo distinto, para estar por encima de muchas cosas.
Perspectiva, horizonte, conjunto, se contraponen así a miopía, a cortas miras, a ver el árbol y no el bosque...
Con esta capacidad de contemplar y de divagar no es extraño que mis acompañantes se desesperen por mi tardanza, pero quiero saturarme de París desde Eiffel, como si quisiera incorporar a mi ser las imágenes que me saltan a la vista, y tenerlas siempre a un click de la mente cuando esté lejos.
Mirando hacia donde está el sol, recalo en el Sena, sus puentes, sus "quais"...
Camino por el corredor, hacia la derecha, hacia el norte, y las geometrías de los jardines de El Trocadero acuden hasta mis ojos.
El Trocadero, nombre genuinamente español. Un nombre más en conmemoración de guerra, batalla o conquista de tropas belicosas. En este caso, la toma del fuerte de Cádiz, llamado El Trocadero, por los franceses en 1823. Por la fecha, supongo que fueron aquellos 100 000 hijos de S. Luis que ayudaron a Fernando VII a encadenar a los españoles.
Contemplando los jardines llama la atención un pequeño triángulo a la izquierda de la entrada principal. Es un recoleto cementerio, uno de los catorce con los que cuenta París. El cementerio de Passy, ¡no se quejarán sus inquilinos de las vistas!, la Torre Eiffel delante.
Quizá las ánimas de Debussy, de Édouard Manet y de Fernandel se reúnan en la noche para disfrutar en comandita de los juegos luminosos de la Torre.
Contraste. Sobresaliendo del mar de edificios que reflejan con su claridad el sol de la mañana, los rascacielos de La Défense, tras el Bois de Boulonge.
De allí, pasando por el Arco de Triunfo, Campo de Marte. Oportuna advocación la del dios Marte para esta explanada que fue cultivo de hortalizas. Fusilamientos, matanzas, ejecuciones, pronunciamientos, desfiles...Los tiempos actuales son algo más relajados, el Campo de Marte es lugar de encuentros, exposiciones y conciertos.
Con un leve movimiento de los ojos capto los reflejos dorados de la cúpula de Los Inválidos, conjunto arquitectónico del siglo XVII.
Ante tanto veterano machacado por las múltiples guerras, a Luis XIV se le ocurrió crear unas instalaciones para dar cobijo a lisiados veteranos de los ejércitos. Seguramente, a esos inválidos les pareció el monarca un sol de rey.
Que se sepa, Napoleón no murió inválido ni lisiado, pero veterano era, y ahí están sus restos, acompañados de familiares, como José I de España, y otros mariscales.
Vuelvo a tener a la derecha al Sena. El círculo se ha completado. No se cuánto tiempo ha pasado, pero el sol está bastante más alto. Las sombras cambian la fisonomía de horizonte y edificios. Ahora se verán de otra manera...vuelta a empezar.
No, no me canso de ver París desde las alturas...
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