El ágora de 13 Rue de l'Ancienne Comédie:

El ágora de 13 Rue de l'Ancienne Comédie: Viendo la vida pasar
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lunes, 13 de diciembre de 2010

Hablando de París (18): Navidad en el cementerio de Montparnasse. Tumbas de Ionesco, Sartre, Beauvoir.

Cementerio de Montparnasse

En "El Ágora..." ya se ha dicho en alguna ocasión que los cementerios céntricos de París son buenos sitios para pasear, meditar y disfrutar de un rato de tranquilidad.
Mientras se disfruta de esa paz se puede curiosear entre las tumbas; las hay francamente originales y vistosas.

Al cementerio de Montparnasse también ha llegado la Navidad; se pueden contemplar últimas moradas que no se resisten a contribuir al ambiente navideño estando adornadas con árbol, bolas y espumillón. Así podemos ver la tumba del dramaturgo y escritor Ionesco (1909-1994).

Estas cosas dan que pensar porque ¿los ocupantes de las tumbas con arbolito dejaron, entre sus últimas voluntades, que el lugar donde reposan sus huesos contribuyese al ambientillo de Navidad? Tendría gracia que en vida les fastidiasen esas fiestas y ahora que no pueden decir nada tengan que aguantar sobre ellos el símbolo por excelencia de la Navidad. Aunque, bien mirado, hasta es posible que al pie del árbol aparezca algún regalo y todo.

Reconozcamos que como adorno no queda mal porque hay cosas peores...por ejemplo la tumba de Sartre (1905-1980) y Simone de Beauvoir (1908-1986), que también se encuentra en el cementerio de Montparnasse. Sobre la lápida un batiburrillo de pequeñas objetos en desorden rinden homenaje, a su manera, a la pareja. Quizá, ambos, o alguno de los dos eran cuidadosos y ordenados y si pudieran ver la lápida que tienen encima, es posible que se incomodasen.
De cualquier modo, una lápida sencilla y limpia mueve al ánimo a meditar sobre la vida y la muerte...quizá, un pequeño ramo de flores...

Cementerio de Montparnasse

Navidad en el cementerio de Montparnasse

Navidad en la tumba de Ionesco

Tumba de Sartre y Beauvoir

domingo, 12 de septiembre de 2010

Hablando de París (12): La Torre Eiffel, última entrega. Speaking of Paris: The Eiffel Tower, last delivery



Paris Exposition: Champ de Mars and Eiffel Tower, Paris, France, 1900

Tanto hablar de la Torre Eiffel y todavía no había aparecido su característica silueta. Pues bien, aquí la tenemos, desde el Campo de Marte. Eso sí, en una fotografía que no es mía. La foto se encuentra en el Brooklyn Museum Archives y está tomada alrededor de 1900, durante la Exposición de París.

El problema de traer hasta aquí imágenes de la Torre Eiffel, conocida y fotografiada hasta la saciedad, es el de mostrar algo distinto, original.
Significarse y llamar la atención, son algo intrínseco a la naturaleza humana. Hay quien dice que los blogueros sólo somos una pandilla de exhibicionistas que encontramos en internet el medio ideal para llevar a cabo nuestras pulsiones.

Pues será eso. Así que, aparte de la imagen de la Torre con su iluminación nocturna desde el Campo de Marte, traigo otras imágenes alteradas.







No tengo ninguna prevención a la hora de retocar o de alterar en profundidad las fotos. Sé que existen muchos detractores pero cada uno tiene su manera de considerar la fotografía. En muchas ocasiones no se trata de que quede reflejada con minuciosidad la realidad; se trata de expresar, como sucede con otras creaciones artísticas, emociones, estados de ánimo o, simplemente, se pretende contar las cosas de una manera particular.
Bueno...también, el retoque y la alteración son una buena forma de no tirar a la basura una bonita imagen que nos salió desenfocada, por ejemplo.

Como más me gusta contemplar la Torre Eiffel es desde el Sena. En este video que realicé en un delicioso atardecer, despidiendo al sol que regalaba sus últimos rayos, aparece imponente la Torre junto al río.


martes, 31 de agosto de 2010

Hablando de París (11): La Torre Eiffel, 2ª parte. Speaking of Paris: The Eiffel Tower, 2nd part.

No, no me canso de ver París desde las alturas, desde el mirador magnífico de la Torre Eiffel.
No importa que acá, en todo lo alto, los rigores de la intemperie acobarden.
Ganas de marcharse no hay, así que tienen que tirar de mí. Venga vamos...me dicen. Ya voy...contesto. Y remoloneo en un afán de fijar en la retina, a vista de pájaro, los lugares que reconozco, entre calles bien alineadas y la albura de los edificios, de esta ciudad que me cautiva.

Entiendo el entusiasmo de los humanos, que siempre pretendieron elevarse como los pájaros, como las águilas, para contemplar tierras, ciudades, campos, desde lo alto. Es una sensación, un placer, que nos acerca a lo divino. Dejar, un tanto, de lado nuestras limitaciones de animales terrestres, apegados al terruño, para ser algo distinto, para estar por encima de muchas cosas.
Perspectiva, horizonte, conjunto, se contraponen así a miopía, a cortas miras, a ver el árbol y no el bosque...

Con esta capacidad de contemplar y de divagar no es extraño que mis acompañantes se desesperen por mi tardanza, pero quiero saturarme de París desde Eiffel, como si quisiera incorporar a mi ser las imágenes que me saltan a la vista, y tenerlas siempre a un click de la mente cuando esté lejos.

Mirando hacia donde está el sol, recalo en el Sena, sus puentes, sus "quais"...



Camino por el corredor, hacia la derecha, hacia el norte, y las geometrías de los jardines de El Trocadero acuden hasta mis ojos.
El Trocadero, nombre genuinamente español. Un nombre más en conmemoración de guerra, batalla o conquista de tropas belicosas. En este caso, la toma del fuerte de Cádiz, llamado El Trocadero, por los franceses en 1823. Por la fecha, supongo que fueron aquellos 100 000 hijos de S. Luis que ayudaron a Fernando VII a encadenar a los españoles.



Contemplando los jardines llama la atención un pequeño triángulo a la izquierda de la entrada principal. Es un recoleto cementerio, uno de los catorce con los que cuenta París. El cementerio de Passy, ¡no se quejarán sus inquilinos de las vistas!, la Torre Eiffel delante.


Quizá las ánimas de Debussy, de Édouard Manet y de Fernandel se reúnan en la noche para disfrutar en comandita de los juegos luminosos de la Torre.

Contraste. Sobresaliendo del mar de edificios que reflejan con su claridad el sol de la mañana, los rascacielos de La Défense, tras el Bois de Boulonge.

De allí, pasando por el Arco de Triunfo, Campo de Marte. Oportuna advocación la del dios Marte para esta explanada que fue cultivo de hortalizas. Fusilamientos, matanzas, ejecuciones, pronunciamientos, desfiles...Los tiempos actuales son algo más relajados, el Campo de Marte es lugar de encuentros, exposiciones y conciertos.

Con un leve movimiento de los ojos capto los reflejos dorados de la cúpula de Los Inválidos, conjunto arquitectónico del siglo XVII.
Ante tanto veterano machacado por las múltiples guerras, a Luis XIV se le ocurrió crear unas instalaciones para dar cobijo a lisiados veteranos de los ejércitos. Seguramente, a esos inválidos les pareció el monarca un sol de rey.
Que se sepa, Napoleón no murió inválido ni lisiado, pero veterano era, y ahí están sus restos, acompañados de familiares, como José I de España, y otros mariscales.


Vuelvo a tener a la derecha al Sena. El círculo se ha completado. No se cuánto tiempo ha pasado, pero el sol está bastante más alto. Las sombras cambian la fisonomía de horizonte y edificios. Ahora se verán de otra manera...vuelta a empezar.

No, no me canso de ver París desde las alturas...

jueves, 24 de junio de 2010

Hablando de París (10): La Torre Eiffel, 1ª parte. Speaking of Paris, The Eiffel Tower, Part 1.

Llevo un tiempo hablando de París y todavía no ha salido a relucir, más que de refilón en algunas fotos, el emblema más representativo de la capital de Francia. No sólamente de París, de Francia, incluso de Europa. Posiblemente, si a modo de souvenir mundial para visitantes extraterrestres, hubiese que elegir un monumento emblemático, ese sería la Torre Eiffel.

Curiosamente, he leído que el proyecto de Eiffel fue ofrecido en primer lugar a Barcelona para su Exposición Universal de 1888. Ante la negativa de este ayuntamiento catalán, se le ofreció a París para la correspondiente Exposición Universal de 1889. Parece ser que también en París hubo su polémica por este engendro ingenieril y que, incluso, se estuvo en un tris de desmontar la torre después de la exposición.

¿Qué sería de París sin su torre?. ¿Qué habría sido de Barcelona con ella?. Pues, probablemente, todo sería igual. Quizá haya hecho más París por la torre que a la inversa. París es libertad, arte, revolución, tolerancia, respeto, laicidad...y tantas cosas...con Eiffel o sin ella.

Reflexiones parecidas, o cualquier otra que entretenga la mente, vendrán muy bien para soportar las largas colas que, a modo de peaje de tiempo, habrá que sufrir para subir a la torre. En el caso de cubrir las dos primeras etapas prescindiendo del ascensor, la cola es mucho menor.
Si físicamente se puede, no es para tanto, lo mejor es subir a base de piernas y corazón, ir ganando altura poco a poco, sin prisa, observándolo todo con detenimiento.
De esta forma disfrutaremos más con la visita y podremos descubrir a algún insospechado habitante de la Torre.


El último tramo hay que hacerlo necesariamente en ascensor. Así entre vuelta y revuelta de la fila, podemos contemplar todo París y observar a los compañeros de espera que nos circundan. A mi me gusta, por ejemplo, hacerme una idea del país de origen de los que me rodean y corroborarlo captando el idioma o el acento con el que se expresan.

También hay tiempo para recrearse estudiando la estructura metálica o para hacer fotos a esa paloma que descansa, como si tal cosa, en uno de los principales monumentos del mundo.




Para los empleados que controlan la entrada de las masas de turistas en los ascensores debe ser un tanto estresante su trabajo y no debe sorprender cierta aspereza en el trato. Pensemos que para ellos la Torre Eiffel, entusiasmo de visitantes, es un lugar de trabajo y además inhóspito.

Vale por hoy de Torre, habrá dos entradas más dedicadas a ella y así resarcirla por haber esperado tanto para sacarla a la palestra en este blog.

miércoles, 16 de junio de 2010

Hablando de París (9): La Grande Arche de la Défense, El Gran Arco de la Defensa. Chauvinismo. Speaking of Paris: Chauvinism

Junto con la City de Londres, el distrito de La Défense es de los centros de negocios más importantes de Europa. La pieza clave de esta zona moderna de París es un cubo hueco de mármol y cristal a modo de un arco de triunfo moderno. Inaugurado en 1989, bajo el impulso de Miterrand, La Grande Arche de la Défense se presenta prácticamente alineado con el Arco de Triunfo y el Louvre.
Posiblemente, La Grande Arche sea un hito arquitectónico, especialmente para París, pero desde 1989 ha pasado mucho tiempo y otros edificios en otras partes de Europa, con otros materiales, otros diseños, otras inclinaciones, le resten el protagonismo que en su momento tuvo.
Para los interesados en arquitectura, posiblemente, sea ineludible visitarlo, incluso por dentro. Pero para el común de los mortales su contemplación te deja un tanto frío. El interior apenas tiene aliciente. Sólo la subida a la terraza superior para ver las alturas de los grandes edificios, sede de las principales empresas francesas, puede ser interesante.


Lo que no tiene nada de interesante es el precio para subir a la parte superior, ya que incluso la entrada de grupo familiar resulta excesiva. Las exposiciones que suele haber en el interior tampoco justifican la tarifa.
Escribiendo estas cosas, no se por qué, me ha venido a la mente el término chauvinismo. ¿Qué recónditas asociaciones en mi mente hacen que aflore a mi consciente el chauvinismo?.
¡Vaya Vd. a saber!. Experiencias, educación...El caso es que he sentido curiosidad por recordar aspectos de este concepto.
Y resulta que hace años se usaba con frecuencia en una versión suave, la de patrioterismo, en la que se consideraba que los franceses eran chauvinistas por naturaleza. Entre paréntesis, un personaje de una obra de teatro llamado Chauvin, como un condecorado ciudadano en tiempos de Napoleón, de discurso ultrapatriótrico, fue el origen del término.
Bueno, orgullosos de su historia, de su arte y de su decisiva influencia en el devenir mundial sí que pueden estar los franceses.
Hubo un tiempo en que los españoles éramos el ejemplo inverso al chauvinismo. Nos interesábamos por el origen de cualquier producto industrial por si era español, sinónimo de falta de calidad y construído a base de chapuzas, por lo que se acogía con prevención. Era el tiempo de las españoladas en el cine y de constatar que éramos europeos de segunda.
Si los franceses son chauvinistas no creo que lleguen a los extremos que algunas definiciones de ese término señalan. O sea, creencia narcisista próxima a la paranoia y a la mitomanía.
No creo que sea así, pero le voy a hacer un guiño al toque chauvinista que puedan tener los franceses y me tomo la licencia de decorarles, en foto, La Grande Arche de la Défense.



miércoles, 2 de junio de 2010

Hablando de Paris (8): Pinceladas. Speaking of Paris: Brushstrokes.

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En la entrada anterior quedaron reflejadas en El Ágora de 13 Rue de l'Ancienne Comédie unas pequeñas pinceladas del Egipto del Louvre. Hoy van a ser unas pinceladas de París con la ayuda de algunas fotos, como siempre.
Una de las cosas que se cuidan mucho en la capital de Francia son los escaparates. Pasear por la calles más comerciales, yendo de escaparates, resulta de lo más entretenido. No cabe duda de que predomina el estudio minucioso y el buen gusto a la hora de diseñar y adornar los escaparates. El escaparate es una invitación a parar, admirar y sobre todo a entrar y comprar en esa tienda que luce sus mejores galas a través del cristal. Llamar la atención del caminante urbano debe ser el primer objetivo de una tienda. Y esto es lo que consigue el establecimiento de la Rue du Bac que exhibe esta foto.


Como en toda gran ciudad, el tráfico puede llegar a ser endiablado. Caminar, el metro, o la bicicleta son la solución ideal para no llegar tarde a nuestra cita y perder los nervios atascados en una calle céntrica. Por eso nos podemos encontrar estaciones de bicicletas salpicadas por las calles de París invitando a transportarnos a base de pedaleo y sortear así el embotellamiento. Comodidad, ejercicio físico, aire más limpio, menos ruido... Todo son ventajas para el uso de la bici en la urbe.

Si el precio del metro cuadrado de vivienda es alto en una ciudad, en París es el no va más. Si además la vivienda está en la orilla del Sena, es decir en uno de los "quai", frente a la Îlle Saint-Louis ese precio se verá incrementado. Pues en esa situación está el edificio que tiene fama de ser el más estrecho de París.


Sí, sí, estrecho y todo, pero un palacio se le antojaría ser a cualquiera que pudiera disfrutar de una vivienda así en un sitio tan privilegiado.

Al igual que sucede con los escaparates, la competencia y la necesidad de obtener clientes hacen que se agudice el ingenio para atraer al personal hasta el negocio. Y debe ser que a esta peluquería le va bien disfrazando a sus peluqueros. Quizá, mientras la señora deja en las manos del profesional que haga una obra de arte en su cabellera, se imagine la historia que le sacaría del tedio y la rutina amorosa, y que un apuesto y varonil policía la abraza para rescatarla del malvado delincuente, disfrutando después de una apasionada aventura.
Puede ser que cunda el ejemplo y se prodiguen las peluquerías con empleados disfrazados de servidores de la ley. Claro que en esto habrá sus preferencias. El policía de la foto debía ser de Nueva York o Chicago, o algo así. ¿Tendría el mismo efecto si el policía fuese un bobby londinense, un carabinieri italiano, un gendarme francés o un guardia civil español?.
Por si a alguien le interesa, la peluquería está en la Rue du Bac, cerca de la confluencia con el Boulevard Raspail.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Hablando de Paris (7): Gran Esfinge de Tanis, Ramsés II, Bes, Obelisco de Luxor, Egipto en el Louvre. Speaking of Paris: Great Sphinx of Tanis, Egypt


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El Antiguo Egipto está ampliamente representado en el Louvre de París. Cuando se ve la cantidad de piezas, algunas muy importantes, que alberga ese museo no se puede dejar de pensar en la marcha de tanta obra de arte hacia otros países. Países alejados de esa cultura pero que se arrogaron el derecho de llegar, descubrir, desenterrar y llevarse lo que fuese necesario. Bueno...ya no se pueden cambiar las cosas y puede que los únicos que realmente puedan reclamar la propiedad de las piezas arqueológicas fuesen los que vivieron inmersos en aquellas sociedades de las que hoy sólo quedan estos vestigios que han sobrevivido al paso de los siglos y al paso de la Humanidad. En los territorios en que se desarrollaron aquellas culturas existen otras muy distintas a las de los principios y formas de vida de la antigüedad y apenas hay herencia práctica en los aspectos sociales y culturales.

Cuando se visita el Louvre lo mejor es dedicarse a unas pocas obras o a una determinada sala. De otra forma se terminará con una especie de borrachera mental en la que, al cabo de una horas, apenas serás consciente de lo que ves y te dará igual Egipto que Babilonia.

Hoy, en el Agora de 13 Rue de l'Ancienne Comédie tenues pinceladas de Egipto en el Louvre.



La Gran Esfinge de Tanis, cuerpo de leon y cabeza de rey, es una de las más grandes esfinges que se hallan fuera de Egipto. Las ruinas del templo de Amon-Ra en Tanis la albergaba, siendo descubierta en 1825. Tanis fue la capital de Egipto durante la 21ª y 22ª dinastía, estando situada al Este del delta del Nilo. La esfinge parece ser que data del 2800 A.C. y está realizada en granito rosa de Asuan



La estatuilla del hipopótamo data del Imperio Medio y está realizada en fayenza. La figura podría ser un shabty, destinado a aliviar los trabajos agrícolas y de riego que los difuntos, su familia y sus servidores, deberían realizar en el reino de Osiris. La fayenza se preparaba con arena mezclada con un aglutinante. Al calentarlo en el horno, uno de los componentes quedaba en la superficie y le daba aspecto vítreo. Mediante pigmentos de manganeso, cobalto, cobre, hierro se conseguían los distintos colores.


Ramsés II, reinó 67 años, desde 1301 A.C., vivió hasta los 92 años y se dice que tuvo más de cien hijos. Ordenó la construcción del templo de Luxor en honor de Amon-Ra y la creación de la ciudad de Per-Ramses, en la región de Tanis. También se debe a él la construcción de varios templos excavados en la roca en Abu-Simbel.
Su imperio se extendió desde el Mediterráneo hasta Sudán y desde Libia hasta el río Orontes (Siria).


En Egipto los sarcófagos consistían en cajas de madera, piedra caliza, granito, basalto...con inscripciones jeroglíficas y relieves esculpidos. También tenían formas humanas para adaptarse a la forma de la momia. El sarcófago era la residencia para la eternidad, protegía a la momia y, mediante los ojos pintados, se suponía que permitía ver el exterior.



A pesar de lo grotesco de la figura me cayó bien el dios Bès. Tan bien que lo elegí como foto de mi perfil. Espero que la gentileza que he tenido con él, haga que su protección caiga sobre mi.
Precisamente, este dios fue muy popular y adorado en Egipto Antiguo y en el Mediterráneo, llegando su culto hasta Ibiza y el levante español. Incluso hay investigadores que indican que los distintos nombres que ha tenido Ibiza, como Ebusus, Ibosim, Yebisah, significan isla de Bès.
Se creía que su espíritu bueno protegía a embarazadas, parturientas y recién nacidos. También protegía el matrimonio y el hogar. Además de ser considerado dios de la música se le relaciona con el amor sexual y los placeres libertinos. Parece ser que, en Menfis, los lugares dedicados a las relaciones sexuales se llamaban habitaciones de Bès.
Lo dicho, ¡que Bes me proteja!


Los gatos, en el Antiguo Egipto, estaban muy bien considerados en la sociedad. Las familias que tenían un gato difunto guardaban luto y en señal de ello se rapaban las cejas. También embalsamaban al gato y lo enterraban en panteones.
En la foto me he tomado la licencia de hacer que las momias gatunas aparezcan flotando, como si se tratase de fantasmas.


La diosa egipcia Bastet tenía cuerpo de mujer y cabeza de gato. Se creía que esta diosa vigilaba a los humanos a través de los ojos de los gatos, por lo que estaba severamente castigado matar a uno de estos felinos.

Aprovechando la ocasión hablemos de otro monumento egipcio que no está en el Louvre sino en la Plaza de la Concordia de París. Luis Felipe I, en 1831, quiso adormar la plaza, que fue el lugar sangriento donde operaba la guillotina de la Revolución, con un monumento que no tuviera que ver con la historia de Francia para que no se erigiera en símbolo de ningún bando. El monumento elegido fue el obelisco de Luxor, en granito rosa de Asuán, regalo del valí egipcio Mehemet Alí. Este obelisco está cubierto de inscripciones sobre la vida de Ramsés II. En la base se puede apreciar la descripción técnica del traslado del monumento.





jueves, 20 de mayo de 2010

Hablando de París (6): Chocolate, chocolat chaud, alimento de dioses. Speaking of Paris: food of gods.


Para los amantes del chocolate, París es un santuario. Las tiendas dedicadas exclusivamente a este manjar son abundantes y, normalmente, puestas con un gusto tan exquisito como el producto que venden. En realidad son auténticos museos y, aunque no se pretenda comprar porque los precios son de susto, merece la pena visitar estos establecimientos. ¡Pobre del parisino adicto al chocolate! Se dejará una buena parte de sus ingresos en este producto del cacao (Theobroma cacao L.). Curioso nombre científico, Theobroma, alimento de dioses.
Todo tipo de chocolates vendidos al peso, incluso por gramos, como si de tratase de pepitas de oro podemos encontrar en las chocolaterías al mismo tiempo que libros, utensilios, maracas o mazorcas del árbol del cacao y las semillas que éstas contienen.





Si se quiere hacer un buen regalo, para alguien que lo sepa apreciar, no cabe duda de que obsequiar con chocolate de París será una buena elección y como se puede comprar al peso lo podremos ajustar a nuestro presupuesto.

Otra forma de tomar el chocolate en París es el "chocolat chaud", es decir chocolate a la taza. Ni que decir tiene que para entrar en calor en el crudo invierno de la capital de Francia, una taza de chocolate caliente es lo mejor. Este chocolate caliente que se toma en París no es tan espeso como el que se toma en las famosas chocolaterías de Madrid pero es francamente bueno. El "chocolat chaud" tiene muchos fans, incluso posee una página oficial en facebook con más de 100 000 personas que la siguen.
Tomarse un "chocolat chaud", en el largo invierno de París, sentado a la mesa de uno de los cafés acristalados, o al aire libre pero con calefacción, del Boulevard Saint-Germain, viendo pasar el ajetreo de los parisinos, es un auténtico placer.

No en el Boulevard Saint-Germain sino en una cafetería cercana a los Campos de Marte nos pudo salir caro, literalmente, el "chocolat chaud". Quizá porque en París suelo llevar un sombrero así como un tanto yankee y porque además llevábamos indumentaria con algún rótulo que podía hacer pensar que éramos ciudadanos del otro lado del charco, o hasta australianos, el orondo empleado que atendía las mesas debió pensar que no dominábamos muy bien el valor de los euros o que, a esas horas de la noche, no distinguiríamos un gato negro de un gato pardo. Y eso, nos quiso dar minino por liebre. Nos tomanos unas tazas de "chocolat chaud", le pedimos la cuenta. No llegaba a 10 euros y le largué un billete de 50 que enseguida guardó en uno de los bolsillos. En el otro bolsillo tenía la calderilla. Se tomó su tiempo mientras rebuscaba las monedas, como esperando a que nos distrajéramos, aunque yo no le quitaba ojo. Por fin deja sobre la mesa unas cuantas monedas y se retira aceleradamente. Como yo estaba al tanto, vi enseguida que me había dejado el cambio de ¡10 euros!. Bueno...antes de que se hubiera retirado unos metros, saltamos como resortes gritando ¡Eeeehhh!, ¡Eeeeeehh!. Fue tan rápida nuestra reacción y tan convincente que no hubo que decir ni discutir nada más. "Disculpe, disculpe", nos dijo en italiano. Quizá dedujo por nuestras voces que latinos éramos. A continuación dejó el cambio correcto sobre la mesa. ¡Cómo sabía el tío lo que pasaba!. Debió pensar, "estos italianos" me montan aquí el numerito. No somos italianos, estuvo cerca. Pero sí, se la hubiéramos montado.
Por muy rico que esté el "chocolat chaud" no es para dejarse 50 euros en cuatro tazas. Y es que hay que estar al tanto porque pícaros y malandrines hay en todas partes, hasta en París.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Hablando de París (5): Quimeras de Notre-Dam. Speaking of Paris: Chimeras of Notre-Dam.






Yo creía que todas esas criaturas fantásticas que habitan en las alturas de las catedrales eran gárgolas pero no es así. Las gárgolas son sólamente los conductos de desagüe de un tejado que están esculpidos en forma de animales, de personas o de seres imaginarios. Parece ser que gárgola deriva del latín "gargula", que significa garganta. Este elemento que sobresale de la fachada para evacuar el agua de lluvia ya fue utilizado por egipcios, griegos, etruscos y romanos. Estos las utilizaban con profusión y se han encontrado algunas gárgolas intactas entre las ruinas de Pompeya.

El resto de las figuras, cuya función es decorativa, son las quimeras. Desconocía, y si lo sabía no me acuerdo, este significado de quimera. Yo había utilizado la expresión "quimera" como algo inalcanzable, lo que se persigue de forma inútil porque quizá ni siquiera existe. En efecto, las quimeras no existen, bueno si acaso en piedra. Son engendros compuestos de distintas partes de animales. Seres fantásticos, imaginados por alguna mente calenturienta.


No hay seguridad sobre la función simbólica de las quimeras y de las figuras de las gárgolas. Que si guardianas del templo ante los pecadores, que si demonios condenados a no estar en el interior de la casa de Dios, que si seres en los que se convierten las almas pecadoras. Si fuese esto último yo pediría convertirme en Estirga, una quimera de la que hablo más adelante.


Notre-Dam vivió una época de total abandono hasta que la novela de Víctor Hugo, El Jorobado de Notre-Dam, motivó su restauración en 1844. El arquitecto Eugéne Viollet-le Duc, gran experto en arte gótico, fue el encargado por Napoleón III para llevar a cabo el arreglo y a quien se debe la galería de quimeras.

Estirga, la quimera pensante o contemplativa destaca por su actitud. Cuando las demás enseñan las fauces, las garras, o se zampan a alguna criaturita,



Estirga se pasa la vida disfrutando de París. Impertérrita, ajena a los avatares mundanos, es como si dijera ¡ viendo la vida pasar!.







No estaría mal que al tener que morir se nos concediese el privilegio de convertirnos en una estirga con capacidad de contemplar y gozar para siempre de nuestra más querida visión.


El tiempo que se puede estar en la galería de las quimeras está tasado. El visitante es dirigido por los pasillos adecuados, sale cuando está previsto y no antes ni después. Eso hace que la visita sea ordenada, sin demasiadas personas al mismo tiempo pero uno tiene la sensación de que es conducido como un animalito de corral.


Una seria vigilante conmina a seguir el recorrido. Pareciera que Quasimodo, el Jorobado, fuese a aparecer en cualquier momento entre los maderos que albergan la campana. La histórica campana, llamada Enmanuel, que sonó cuando fuera liberada París de las tropas alemanas, (ver entrada "París en colére"), no se halla expuesta por restauración, así que nos conformamos con la réplica.






Antes de descender, una última mirada a París desde la torre sur de Notre-Dam. A mí, que soy tan contemplativo, es lo que más me gusta, ver París desde las alturas, extasiarme y soñar, como Estirga. Ocasiones no me van a faltar...




domingo, 25 de abril de 2010

La mujer desnuda, de Desmond Morris. The naked woman.


Se trata de un estudio del cuerpo femenino. Desde el pelo de la cabeza hasta las uñas de los pies nada se escapa a la mirada de Desmond Morris que, como un "friqui" del cuerpo humano, va analizando de forma sistemática y ordenada todo lo que se puede ver en el cuerpo de una mujer. Libro intenso, con multitud de detalles perfectamente descritos, aunque se echan en falta más dibujos o fotografías.
En "La mujer desnuda" se pormenorizan las funciones de todas y cada una de las partes de la hembra del homosapiens, su variabilidad y evolución desde nuestros ancestros así como hipótesis sobre las funciones de cada una de esas partes, especialmente en sus aspectos eróticos, o de atracción hacia el macho, con el objetivo de llamar su atención para ser la elegida entre sus competidoras.
Desde el origen de los tiempos la mujer ha tratado de realzar, con toda suerte de artilugios y recursos, lo que en cada momento histórico, y en cada organización humana, se ha considerado que era femenino. Morris lo relata con profusión, como también lo hace con los movimientos sociales que, a contracorriente, han promovido el cambio del rol que tradicionalmente se ha adjudicado a la mujer y que han influído en la moda y en los usos y costumbres femeninos.
Muchos aspectos curiosos e interesantes se pueden leer en "La mujer desnuda", lectura muy útil para conocer bien a la mujer y sus resortes, para atraerla y complacerla.
"La mujer desnuda" está editado por Planeta en 2005 y traducida por Miguel Hernández Sola y Virginia Villalón.

Imagen 1: Alberto Lazo (Creative Commons)
Imagen 2: Valerie Everett (Creative Commons)

miércoles, 7 de abril de 2010

Hablando de París (4): La cola para subir a las torres de Notre-Dam es de risa. Speaking of Paris: The line to climb the towers of Notre-Dam is a joke

Si se pasa por la Rue du Clôitre junto a la catedral de Notre-Dam es posible que sientas cómo una mano te ha cogido la tuya, que alguien camine a tu lado, muy cerca, sin que lo percibas porque estás entusiasmado mirando los altos de la catedral, que notes un brazo en tu hombro y que al mirarlo compruebes que su aspecto no es el del brazo de quien te acompaña. Si sucede alguna de estas cosas buscarás la cara de quien está tan próximo a ti, del propietario de la mano o del brazo y encontrarás un rostro tan sorprendente que pegarás un respingo y el corazón se te acelerará del susto. En ese momento oirás que estallan un montón de carcajadas de los que aguantan la cola para subir a las torres de Notre-Dam y que han presenciado toda la escena. La máscara te pedirá disculpas con gestos y terminarás tu y tus acompañantes, normalmente, sonriendo.


Ni que decir tiene que los integrantes de la cola están la mar de entretenidos con las idas y venidas del bromista que sorprende a los viandantes. Algunos se harán fotos para tener un recuerdo de lo bien que lo pasaron en aquella cola de horas de duración. Así todos contentos. Los que aguardan porque se alivia la espera y el bromista porque sus gracias son recompensadas cuando pasa la gorra. La verdad es que es de agradecer la presencia de un bromista ante una larga y lenta cola.


En las torres de la catedral esperan quimeras, campana, vistas, gárgolas y escaleras. El tiempo empleado habrá merecido la pena.
La entrada para subir a las torres cuesta 8 euros, para los menores de 18 es gratis. Para el de la máscara, la voluntad.